LOS DEFENSORES
DEL DARIÉN

Mientras se multiplica la deforestación y crecen los negocios ilegales, un grupo de indígenas decide enfrentar un flagelo que pone en riesgo la supervivencia del bosque y de su cultura.

Mapeadores, un piloto de drones, un abogado, una periodista, reforestadores y avistadores de aves desrrollan diversas iniciativas buscando detener la devastación del Darién.

Este trabajo fue financiado
por el
Pulitzer Center

TAPÓN DEL DARIÉN, Panamá-. Hay una tierra en el centro del mundo que, dicen, se mantiene en estado salvaje. Es el único lugar donde la carretera Panamericana, que cruza tres continentes y recorre 30 mil kilómetros, se interrumpe para ser, en esencia, tierra sin ley. Por esta razón al Darién se le dice tapón. Una selva cerrada y maldita donde viven alrededor de 35 mil indígenas de tres etnias distintas que sufren el acecho de todo tipo de violencias: del narco a los paramilitares, del tráfico de personas al avance de colonos y madereros, que ponen en jaque la reserva de la bióesfera más importante de Centroamérica, Patrimonio Natural de la humanidad. 

Como un lejano oeste del siglo XXI o una Siberia tropical, el mito del Darién salvaje se construye desde tiempos remotos. Los españoles no pudieron nunca terminar de conquistarlo. En el siglo XVII los escoceses intentaron una colonia que terminó en muerte y miseria. A partir de la violencia del siglo XX en Colombia, la presencia de guerrilleros, narcotraficantes y paramilitares se hizo habitual, dotando al mito salvaje de nuevas barbaridades. En años recientes el tapón se transformó en una de las rutas preferidas por los migrantes en su camino hacia Estados Unidos.

Cuando los medios internacionales miran hacia aquí, también alimentan la leyenda maldita.

Esta construcción está tan extendida y enraizada en el imaginario colectivo global y también de Panamá, que nadie, en realidad, quiere saber de Darién. Y es justamente esto lo que mantiene a uno de los últimos pulmones del planeta en la ilegalidad, preso de un proceso de deforestación escalofriante protagonizado por invasores y madereros.

Pero no todo está perdido. 

Más allá de la indiferencia del mundo, algunos de los habitantes indígenas de Panamá están trabajando para revertir esta situación: Mapeadores, pilotos de drones, abogados, periodistas, reforestadores y avistadores de aves llevan adelante ambiciosos proyectos buscando detener la devastación del bosque tropical. El cambio climático acecha, el equilibrio biológico está en juego y, con él, también el modo de vida ancestral de los pueblos originarios.

FIEBRE DE MADERA

La deforestación en Darién crece de forma exponencial. Según cifras oficiales, solo en los últimos siete años se deforestaron más de 21 mil hectáreas, un espacio equivalente a cuatro veces la isla de Manhattan.

Mientras el público panameño se sorprende  por las noticias que describen enfrentamientos mortales entre indígenas e invasores, los empresarios de la madera avanzan con maquinaria pesada hacia el bosque virgen. Los arboles se derriban, la madera se vende y la tierra se quema para dar espacio a la actividad ganadera. En los años 70´s se hablaba de progreso. Hoy, de mal desarrollo.

Porque siguiendo esta lógica, el bosque no tiene ningún valor. Un bosque sin intervención produce 0 crecimiento económico. Solo una vez que comienza su destrucción, los índices económicos aumentan y se transforman en buenas noticias que hablan de crecimiento. 

Para el estado panameño, la deforestación es una mejora del terreno. Si un campesino quiere titular un bosque no puede, pero si lo tala y construye una casita, el Estado asume que hizo mejoras y entonces se lo titula por unos pocos dólares. Esta política de titulación masiva fue promovida en 2010 con la ley 59 que creo la ANATI (Autoridad Nacional de Tierras). Se premia la tala. Y se legisla para promover la agroindustria y la ganadería.

A esta situación hay que sumar la vulnerabilidad de los pueblos indígenas, presionados por distintas fuerzas que los mantienen en la pobreza. Ante la ausencia del Estado, los madereros terminan siendo quienes llegan a las comunidades con recursos: gasolina, botes, generadores de energía. Incluso actúan como prestamistas. Y la madera, tarde o temprano, es el capital de cambio.

EVOLUCIÓN DE LA DEFORESTACIÓN EN DARIÉN ENTRE EL AÑO 2000 Y EL 2017

Dos hechos cambiaron el contexto y profundizaron el problema: primero en el año 2000 el gobierno de China publicó un ranking de maderas preciosas, un estándar internacional sobre el palo de rosa, la madera más requerida para su mercado de muebles de lujo.

Hay en el mundo 33 tipos, la mayoría en Asia y Africa. 7 de esas especies son de alto valor. Una de ellas se encuentra mayoritariamente en Darién.  Es el Cocobolo (Dalbergia retusa). En Panamá cotiza a 4 mil dólares el metro cúbico. Esa misma madera puesta en China, cuadruplica su valor. La tala ilegal se disparó.

Hasta que en 2013 Panamá sucumbió a los lobbys de los madereros aprobando la exportación de Cocobolo, “siempre y cuando fuesen árboles caídos naturalmente”, agregaron a la norma prohibiendo la tala de una especie protegida. Lo que vino después fue un tsunami hecho de sierras y topadoras. 

Son árboles inmensos que atraviesan el país de punta a punta, camiones gigantes que transitan las rutas nacionales, pasan controles policiales, aduaneros, llegan en contenedores a los puertos del Canal de Panamá y desde allí embarcan a China sin que nadie aquí acierte a verlos.

Incluso llegaron a cargar los contenedores en medio de la selva para exportarlos luego como chatarra. Tal es la situación que en 2015 la Ministra de Ambiente, Mirei Endara, declaró: "casi el 96% de la madera que sale de Darién es de alguna forma ilegal. Es decir, no cumple con todos los permisos".

La cadena de complicidades que permite el saqueo de Darién es tan profunda que la oficina de Interpol en Panamá decidió tomar cartas en el asunto, alertados desde China por el arribo a sus puertos de contenedores que no respetaban los protocolos de la Convención sobre el comercio Internacional de Especies amenazadas de Fauna y Flora Silvestre –CITES en inglés-. Encabezaron diversos operativos que terminaron con la captura de 13 contenedores de Cocobolo en ruta hacia Hong Kong.

Hemos visto ejemplos en la región de grupos de narcotraficantes que se pasaron al negocio de la madera”, declaró en 2017 Andrea Brusco, del Programa de Governanza ambiental de Naciones Unidas, comparando la problemática con el tráfico internacional de drogas.

Sin programas gubernamentales que fomenten el cuidado del medio ambiente –ni premien a los actores que lo hacen- el final de la deforestación sigue sin divisarse.

Un estudio histórico publicado en 2017 por Rights and Resources Initiative mostró que los pueblos indígenas manejan más del 24 por ciento del carbono total almacenado en el dosel de los bosques tropicales del mundo. En Panamá, el 50% de esos bosques están en las comarcas indígenas, aunque solo controlan el 17% del territorio nacional según el Programa Conjunto de las Naciones Unidas para la reducción de las emisiones por deforestación y degradación de los bosques (ONU-REED).

Según estás estadísticas es mucho más efectivo legalizar territorio a los pueblos originarios que crear áreas protegidas. Quizá por eso el ecologista canadiense  David Suzuky afirma que el camino para revertir el cambio climático no está en seguir a los ambientalistas sino a los pueblos originarios. Es decir, el futuro de la humanidad será indígena o no será.

“El objetivo es defender el territorio porque como dice un slogan, un indígena sin tierra es un indígena muerto”, dice Janiela Carpio líder de la comunidad de Puerto Indio en la comarca Emberá_Wounaan.

Finalmente, la defensa del bosque queda en manos de los pueblos originarios que sin esperar la ayuda del gobierno, están empezando diversos proyectos para conservar la salud y la supervivencia del bosque tropical.

LOS DEFENSORES

LOS MAPEADORES

Los mapas, desde siempre, han sido elementos para la conquista. Una vez que un territorio puede ponerse sobre papel, es que se puede planificar su control.

“Más tierra indígena se ha usurpado a través de los mapas que de las armas”, sentenció el geógrafo Bernard Nietschmann. Pero esos tiempos están llegando a su fin. Esas herramientas de conquista están cambiando de manos para ser instrumentos defensivos. Con los cuales acudir a la justicia y poder legalizar los territorios. 

“Nuestros abuelos tienen los límites del territorio en la cabeza. Conocen las montañas como quién conoce su cuerpo. Pero los colonos llegan con mapas, avalados por el gobierno.”
Janiela Carpio

Janiela Carpio, es dirigente de la comunidad de Puerto Indio, límite de la Comarca Emberá Wounaan, que aunque está protegida por una ley Nacional, sufre de todas formas la intrusión de los colonos.

 “Desde que tengo uso de razón el tema de las invasiones es un problema diario. Recuerdo a mis abuelos en lo mismo y hasta el día de hoy srguimos en ello”, se lamenta.   

Con el apoyo de PPD –Programa de pequeñas donaciones de Naciones Unidas- a través de la Fundación Almanaque Azul “nos animamos a empezar esta locura de los mapas. Inicialmente para mapear la cuenca hídrica y definir una política para el uso sostenible del agua potable. Pero primero tuvimos que aprender a utilizar las herramientas tecnológicas y en eso estamos todavía”, se ríe ella.

Así fue como nació el equipo de mapeadores de Río Indio. Se trató, sobre todo, de digitalizar los conocimientos ancestrales de los abuelos de la comunidad.

Primero buscan el material existente. Un análisis crítico de los mapas. Conocer quién los hace, qué partes del mundo son mapeadas y cuáles no. Vaciarlos de la pretensión de objetividad. “Puedes ver que en Google los mapas de las zonas indígenas no tienen nada. Una foto satelital y ya. No se mapea la vida, las tiendas, los restaurantes. Se invisibiliza la vida indígena y silenciosamente se plantea que allí no vive nadie, es decir, que no hay dueños. y se puede explotar. Pero sí vive gente, sí hay una cultura”, sentencia Mir Rodríguez, capacitafor externo del proyecto. “Los mapas más que la realidad, son instrumentos para crear la realidad. Y es súper importante que la gente los vea de esta forma, para apropiarse de su historia”, añade.

Luego realizan inmensas marchas a través de la selva para marcar con gps los límites históricos de los territorios que ellos utilizan.  Carpio se ríe cuando recuerda la cara de los funcionarios que vinieron de visita y los vieron trabajando con drones, geolocalizadores, computadoras, programas de diseño, mapeo geotérmico. “No lo podían creer. Tienen un prejuicio tan grande con Darién…”. 

Mientras decoran la flamante oficina del equipo con los mapas que han ido haciendo, el líder del equipo explica que además de poder acudir a la justicia y defenderse de los invasores, los mapas les sirven para una mejor planificación de las actividades de la comunidad. “Porque necesitábamos saber exactamente qué tenemos. Qué cantidad de terrenos son potrero, que cantidad es bosque virgen. Nos ayuda a medir e implementar nuestros proyectos. A entender el flujo del agua, a delimitar la cuenca hídrica… las ventajas son innumerables”, explica Aricio Cunampia, a cargo del equipo de mapeadores. 

 “Mi sueño es dejarle a nuestros hijos este tema resuelto de una vez por todas”, señala Carpio. Sin mapas, no hay paraíso.

EL PILOTO DE DRONES

Carlos Doviaza

Carlos Doviaza es un joven Emberá que nació en el alto Chucunaque, en la provincia de Darién. Una vida simple, en el bosque. Recuerda cómo los abuelos los bañaban cada mañana con plantas medicinales antes de salir de las casas. Para resguardarlos y protegerlos de los espíritus malos que podían vivir en el bosque y afectar la salud. “Era una forma de hacernos tomar conciencia y de inculcarnos el respeto al bosque”. 

"La riqueza no está en el bosque sino que la riqueza es el bosque. No se trata de sacar lo valioso de él sino pasar tiempo allí para enriquecer la vida."
Carlos Doviaza

No había luz, ni televisión, ni celulares. La única comunicación con el mundo era un teléfono público que había en la comunidad. Y el río, que traía lo que traía. En verano, siempre lo mismo: apertura de caminos y tala indiscriminada. Los ojos del niño que fue lo recuerdan de una forma ambigua. Porque la deforestación abría espacios de luz en la noche eterna del bosque tropical, le daba menos miedo. Y además, los empresarios llegaban con golosinas de regalo y montaban proyecciones de dibujos animados. Era una fiesta. Le costó entender las consecuencias nefastas de la deforestación. “Lleva tiempo abrir los ojos y aceptar que se están aprovechando de ti”, explica. 

Pero sobre todo, Carlos prestaba atención a otro tipo de visitantes. “Recuerdo que siempre llegaban europeos con sus cámaras super grandes a sacarnos fotos y filmarnos. Y yo los miraba y me imaginaba donde pondría yo la cámara y que filmaría de lo que yo conocía".

Esa idea infantil lo acompañó todo su infancia hasta que luego de terminar la escuela decidió ir a la ciudad a seguir estudiando. Lo primero, fue la discriminación. “No entendía las noticias: siempre que hablaban de los pueblos indígenas hablaban de pobreza y noticias tristes pero yo en el bosque no recordaba más que felicidad y abundancia”. 

Mientras buscaba estudiar cine, se topó de casualidad con los drones. “Y me di cuenta que esta nueva tecnología me permitía, en una misma actividad, cumplir dos roles: por un lado registrar la vida comunal y por otro monitorear los bosques”. 

Así fue como Carlos se convirtió en una herramienta fundamental para las comunidades del Darién: cada vez que hay una invasión de territorio, una quema, o cada vez que se necesita mapear en zonas inaccesibles, ahí va Carlos con su equipo, levanta los drones y consigue la información que se necesita. “Cuándo los indígenas comenzaron a ir a los tribunales, los casos se caían porque no se acertaba con la evidencia probatoria. Entonces las comunidades dejaron de creer en la justicia. Pero ahora podemos llevar videos y demostrar lo que denunciamos. Los drones son una herramienta fundamental para el empoderamiento legal de las comunidades indígenas”, dice hoy Carlos no sin orgullo. Con el apoyo de Rainforest Foundation US viaja permanentemente por las comunidades monitoreando el territorio desde el aire.

EL ABOGADO

Leonides Quiroz

Es el primer abogado de la etnia Wounaan. Nació en Darién, en la comunidad de Cémaco Taimatí, donde llegó su familia escapando de la violencia en Colombia. No tuvo una vida fácil. Creció con su abuela y su tía, lejos de sus padres. Dejó su comunidad siendo un niño de siete años para vivir con un matrimonio jesuita en la ciudad de Panamá. Su tutor, de pequeño, le decía: tu estás destinado a ser la voz de tu pueblo. Logró ir a la Universidad y licenciarse en Administración de empresas. Cuándo regresó a su pueblo en 1998, la situación de las comunidades Wounaan había empeorado notoriamente. “La desprotección era total, los territorios estaban invadidos y los conflictos eran permanentes”,explica. “La parte más difícil era la falta de reconocimiento legal sobre el uso colectivo del territorio. ¿Pero que podía hacer yo?”. 

Leonides comenzó a contactar abogados y juristas para intentar defender el territorio en la justicia. 

"Pero era increíble: nadie quería ayudarnos y los que se interesaban nos pedían demasiado dinero, sumas exorbitantes. Fue entonces que entendí que lo que necesitábamos era un abogado indígena".
Leonides Quiroz

Y fue así que volvió a la Universidad y empezó a estudiar Abogacía y Ciencias Políticas para trabajar en la reivindicación del derecho territorial como medio de supervivencia de su pueblo. 

Luego de recibirse, en 2003, comenzó un largo proceso para convencer a las autoridades ancestrales de intentar el camino legal. El escepticismo de las comunidades era absoluto. No esperaban nada del estado panameño. Veían llegar a los políticos durante las elecciones con regalos, buscando votos, para luego desaparecer hasta la siguiente elección. Pero lo respaldaron.

Uno de sus primeros triunfos fue Puerto Lara, Cana Blanca y Arimae. Luego de un largo proceso que duró 7 años se logró la titulación comunitaria. Fue una fiesta popular. Y esa legalización trajo a la comunidad una calma que se había olvidado. Poco a poco fueron percibiendo como un simple cambio legal repercutía en su vida cotidiana: las intrusiones de colonos terminaron y el bosque lentamente comenzó a regenerarse. 

Luego de ese primer triunfo Leonides se convirtió en un dolor de cabeza para el Ministerio de Ambiente que preferiría no tener que lidiar con él.  En marzo de 2018 incluso fue uno de los que tomó el edificio del Ministerio en una protesta que obligó al gobierno a dar el visto bueno para las inspecciones en 8 comunidades, el primer paso para titular la tierra.

LOS AVISTADORES DE AVES

Las danzas de los Wounaan imitan a la naturaleza. Sobre todo, a los pájaros. Demuestran hasta que punto la cultura está ligada a la tierra y a la vida del bosque. Se baila para celebrar, se baila para curar y se baila también como ofrenda. Un ciclo sagrado que lleva siglos saltando de generación en generación. Desde que se recuerda los niños observan a las aves y lentamente van incorporando por imitación los movimientos que se transformaran en las danzas ancestrales. 

En los últimos años, sin embargo, ese ciclo parece interrumpirse. La deforestación y la intervención de los bosques está resultando en la ausencia de algunas aves.  Uno en especial, pequeño y marrón no se ve desde hace tiempo. Es el Kokodrit. Lo mismo sucede con la música. Los wounaan suelen danzar bajo el influjo del tambor y las flautas. Flautas que en algunas ocasiones intentan imitar el canto de las aves. Sin el Kokodrit, la reproducción de las danzas está en peligro. 

A raíz de esta situación, un grupo de hombres y mujeres Wounaan en Puerto Lara, decidieron comenzar a monitorear y censar las aves en sus bosques. Con el apoyo de la organización sin fines de lucro Native Future, formaron el grupo Oropéndulas Negras (Psarocolius guatimozinus). Una especie de brigada indígena de avistamiento de aves. Entendieron que siguiendo la presencia de aves en un ecosistema, se pueden sacar conclusiones inquietantes. El nivel de diversidad y cantidad de aves sirve para medir la salud completa del bosque. Así como los campos de monocultivo suelen tener una reducida presencia de aves, en los bosques tropicales como Darién pueden llegar a 600. Incluso en bosques en recuperación como los de Puerto Lara, pueden ser de más de 230 especies. A esa conclusión llegaron el pasado 5 de enero cuando los Oropéndulas participaron en una de las actividades de ciencia ciudadana mas grande del mundo, el conteo de aves Navideño de la Sociedad Nacional Audubon.  

La desaparición de aves –que controlan la población de insectos y funcionan como dispersores de semillas- impiden el sostenimiento y la regeneración del bosque.

"Fue una revolución
en la comunidad"
Chenier Carpio

“Empezamos con un grupo 7 hombres y dos mujeres que formaron las Oropéndulas negras y luego se armó otro groupo de 10 mujeres, las Tangaras Azules (Thraupis episcopus)”. 

Los niños también modificaron su conducta. Tiempo atrás solían lanzarle piedras a los pájaros como divertimento. Pero desde que ven a sus padres tan atentos, tiraron las ondas a la basura y ahora andan por allí con los libros, reconociendo los nombres científicos y características de las aves. Otra cosa central es que aprenden el nombre de las aves en su idioma, el Wounnan Meu y el significado cultural de cada una, una manera de detener el proceso de aculturación que sufren diversos grupos alrededor del mundo.  Y en el camino descubrieron también que había un gran mercado turístico relacionado al avistamiento de aves y comenzaron a organizar recorridas con ese fin. 

LA PERIODISTA

Ligia Arraga

Nació en Ecuador pero pasó la mayor parte de su vida en Darién, donde llegó a los 20 años y de donde solo se fue para salvar su vida. En 2008 comenzó a trabajar como corresponsal para SERTV de Panamá. Fue la primera en denunciar los negociados alrededor de la Laguna de Matusagaratí, el humedal continental más grande de Panamá, hogar del Jaguar que sirve de refugio a las aves migratorias y de cuenca de reproducción de peces. Y no solo eso: es una de las reservas de agua dulce más importantes de Centroamérica con un cuarto de su flora y fauna endémica. 

Hasta que la empresa Agricultura y Servicios de Panamá SA, liderada por empresarios colombianos, logró titular las tierras y comenzó a sembrar arroz y Palma Aceitera. A lo largo de los últimos 15 años fueron cavando extensos canales que poco a poco diezmaron la laguna. Sumado a la utilización de agroquímicos para los monocultivos, afectaron la biodiversidad característica de Matusagaratí. Con cada cosecha aumenta la mortandad de peces y disminuye la llegada de aves. Y los venenos van bajando hacia el río Tuira, arteria fundamental del Darién.

Sus denuncias la pusieron en el ojo de la tormenta. Narró de qué forma la empresa, aliada con políticos locales, logró titular las tierras. También denunció delitos ambientales. Fue tal su insistencia que los empresarios sintieron su negocio en riesgo. Hasta que la violencia, como un viento, llegó a su vida. 

Una tarde la visitó en su casa de Metetí el sacerdote de Yaviza. No lo conocía. Sin mediar explicación, el sacerdote la obligó a subirse a su carro y la sacó del pueblo. Una vez llegaron a un lugar seguro, le dijo que un sicario colombiano le había revelado en santa confesión que había sido contratado para matarla y hacer desaparecer su cuerpo. 

- ¿Tu has hecho alguna denuncia en los últimos tiempos?- le preguntó.

- Hace años que los vengo denunciando padre. Lo que hice ahora fue poner una denuncia judicial. 

Aunque el sacerdote logró que la policía le pusiera una custodia permanente, eso duró apenas unos días. Incluso se enteraron que al sicario que se había arrepentido le dieron una golpiza y lo hospitalizaron.  ¿Qué hizo Ligia?  Redoblar la apuesta. Junto a otros activistas fundo la organización sin fines de lucro Alianza por un Mejor Darién. Sentía que si no era ella sino una ONG la que realizaba las gestiones estaría más segura. Nada cambió. Las amenazas siguieron. En 2016 otra vez le dejaron saber que iban a matarla simulando un accidente. 

"Fui a la Justicia, a los medios y estos empresarios parecían intocables. Entendí entonces de que se trata la impunidad".
Ligia Arriaga

Liga sintió que en Darién ya no estaba segura y temiendo por su vida, decidió salir del país. La organización Frontline Defenders escucho sobre su historia y le facilitó los recursos para construir su seguridad en Europa, fuera de Panamá. Ligia no quería aumentar la larga lista de ambientalistas asesinados en Centroamérica. No quería ser otra Berta Cáseres. “Los bosques se defienden con la vida. Esa es nuestra realidad.”, asegura ella que luego de dos años regresó a Panamá. “¿Por qué vuelvo? Porque nada ha cambiado. Cumplo con la responsabilidad de todo ciudadano del mundo en este siglo: defender la naturaleza”. 

LOS REFORESTADORES

Raquel Cunapio

La comunidad de Piriatí es relativamente joven. En los años 70´s el gobierno de Omar Torrijos decidió construir una gran represa que dio nacimiento al lago Bayano y obligó a los habitantes emberá de esas tierras a trasladarse aquí. Les prometieron mejoras, escuelas, casas, lo de siempre. Sin embargo no les dieron nada. Los trasladaron a un inmenso campo al lado de la carretera que había sido usadp para ganadería durante años. La tierra estaba muerta. No había bosques y para sobrevivir tenían que trabajar como jornaleros en fincas cercanas. Construyeron casas de madera y cómo pudieron fueron sobreviviendo. Su cultura les fue negada y los jóvenes comenzaron a marcharse a la ciudad. Raquel Cunapio que nació aquí y tiene 30 años, decidió que ya era hora de recuperar su cultura. Entendió que la única forma de lograr un renacer comunitario era recuperar los bosques. Fue una aprendizaje lleno de frustraciones. Si quería hacer un festival de cultura y le preguntaba a sus abuelos cómo hacían para pintar los cuerpos, le hablaban de semillas que ya no estaban. Si quería poner un puesto en la carretera para artesanías y quería hacer vasijas, lo mismo, le hablaban de plantas en el bosque que producían ese tipo de fibra. Si se resfriaba y en el centro de salud le recomendaban ibuprofeno, ella recordaba que sus abuelas le hablaban de tés y hierbas que ni sabía cuales eran. 

Y entonces se encontró con la gran pregunta: ¿quién sabe como construir un bosque tropical? Sus abuelos no podían darles respuestas. Nunca se habían enfrentado a esa cuestión. Los bosques siempre habían estado allí y ellos habían aprendido a vivir sin afectarlos. 

Fue así que se embarcó en la búsqueda de ingenieros agrónomos y ambientalistas para entender cómo proceder. Los bancos de semillas no tenían las especies que ella necesitaba. Lentamente comenzaron un proceso de reforestación que no busca, ni la producción alimentaria ni la explotación de la madera. Y lentamente, van viendo los resultados.

“Al negarnos el bosque nos negaron nuestra cultura. Y durante décadas mi gente tuvo miedo de pelear por lo suyo. Pero eso se terminó”,
Raquel Cunapio

Raquel trabaja en el vivero de la comunidad haciendo pequeños plantines que luego serán sembrados esperando que en el futuro un bosque robusto vuelva a crecer y a darle a sus hijos y nietos la posibilidad que ella no tuvo: vivir como su cultura propone. En el bosque, con el bosque y para el bosque.

DERECHOS
SOBRE LA TIERRA

La provincia de Darién  tiene una superficie de 11.800 kilómetros cuadrados y es la más grande de Panamá. Tiene salida al océano Atlántico, al Pácifico y es la frontera con Colombia.

En 1980 se creo el Parque Nacional Darién, el más grande de Panamá con una extensión de 5790 km2. En 1981 fue declarado Patrimonio de la humanidad y en   1983 Reserva de la bioesfera. Las comunidades indígenas no fueron consultadas.

En 1983 se creo  la Comarca Emberá Wounnan, en 1996 la Comarca Kuna de Madugandí y en el 200 la Comarca Kuna de Wargandí. En Panamá funciona un sistema de comarcas indígenas que concede derecho territorial y autogobierno.

Decenas de comunidades quedaron fuera de las comarcas y sin derechos sobre el territorio que habitan. Mientras el gobierno no para de privatizar tierras fiscales en Darién, las adjudicaciones de tierra a los grupos indígenas con derechos ancestrales se encuentran detenidas. De esta forma las comunidades están legalmente indefensas ante el avance de los madereros. Los reclamos persisten sin que el Ministerio de ambiente se decida a resolverlos. Hay en disputa más de 650 mil hectáreas. La evidencia demuestra que el territorio en manos indígenas es menos propenso a la deforestación.

La provincia de Darién  tiene una superficie de 11.800 kilómetros cuadrados y es la más grande de Panamá. Tiene salida al océano Atlántico, al Pácifico y es la frontera con Colombia.

En 1980 se creo el Parque Nacional Darién, el más grande de Panamá con una extensión de 5790 km2. En 1981 fue declarado Patrimonio de la humanidad y en   1983 Reserva de la bioesfera. Las comunidades indígenas no fueron consultadas.

En 1983 se creo  la Comarca Emberá Wounnan, en 1996 la Comarca Kuna de Madugandí y en el 200 la Comarca Kuna de Wargandí. En Panamá funciona un sistema de comarcas indígenas que concede derecho territorial y autogobierno.

Decenas de comunidades quedaron fuera de las comarcas y sin derechos sobre el territorio que habitan. Mientras el gobierno no para de privatizar tierras fiscales en Darién, las adjudicaciones de tierra a los grupos indígenas con derechos ancestrales se encuentran detenidas. De esta forma las comunidades están legalmente indefensas ante el avance de los madereros. Los reclamos persisten sin que el Ministerio de ambiente se decida a resolverlos. Hay en disputa más de 650 mil hectáreas. La evidencia demuestra que el territorio en manos indígenas es menos propenso a la deforestación.

Dirección General

Guido Bilbao

Investigación
Israel Gonzalez
Guido Bilbao


Fotos y videos
Alexander Arosemena / Raphael Salazar
Drone
Carlos Doviaza
Edición de video
Lucrecia Caramagna
Diseño + dataviz
Tea Alberti
Mapas
Cameron Ellis / Rainforest FoundationUS

Asesora
Julie Velasquez Runk

Agradecimientos

Rita Vásquez, Rebecca Kessler, Steve Sapienza, Chenier Carpio, Marsha Kellog, Julie Velasquez Runk.
Con el apoyo de Rainforest Fundation US, diario La Prensa, y Native Future.

Este proyecto fue apoyado por el Pulitzer Center on Crisis Reporting. 

Fecha de publicación 
Abril 2019

Todas las imágenes están sujetas a derechos de autor

The Defenders of Darién - English Version